Por José Manuel Castro*
Newell´s Old Boys Campeon. Año 2004. Cancha de Independiente de Avellaneda. 40.000 personas llenaron el estadio vistiendo la vanidosa rojinegra.
Era diciembre.
Era un momento terriblemente emotivo, transpirábamos y gritábamos y alentábamos a Ñuls pero no había partido, estábamos frente al Palomar, las elecciones eran una realidad y festejábamos y reíamos. El Ticky hablaba y no se entendía nada y estábamos cerca, se lo notaba emocionado.
Y yo estaba ahí, escuchando, intentando aprehender esos momentos. Escuchando cuantas emociones puede generar un club de fútbol, y casi nadie hablaba de fútbol.“¡Por Isaac!”-gritan unos pibes recordando a un tipo que vivió hace 100 años, “¡Por Isaac!” Y levantan las manos y cantan.
Se acercó un señor contando que su hijo había muerto, comentó uno del MOLE, y que como última voluntad le había pedido que lo cremaran y tiraran sus cenizas en la cancha, el hombre, conmovido, dijo que le pidieron $ 500; “no acepté “dijo el señor llorando y “acá están los $ 500 para que otros hijos puedan votar” - y donó el dinero en la carpa del MOLE.
Una señora lloraba al ingresar las nuevas autoridades al estadio.- “¿Porque llora?” - le dice el cronista- “como no voy a llorar si acá aprendí a nadar.”
“¿Que lleva a estos chicos a seguir luchando cuando nadie creía?”-“Recuperar la dignidad”- dice un gordo refiriéndose a los Autoconvocados.
“Estoy feliz porque voy a poder hacerme socio de nuevo, si bien vivo en Australia y no se si podré regresar pronto, se que cuando vuelva voy a poder hacerme socio”-escribe uno en un diario.
“No puedo encontrar un solo momento importante de mi vida sin relacionarlo con Newell’s” - dice Rafael, el jefe de fiscales del MOLE.
“¡Que alegría fue votar!” - dice un vitalicio muy viejito, “y sigo siendo vitalicio, pibe” – me dice feliz.
“Lo que no perdono es que no pude asociar a mi hijo cuando nació” -dice otro.
“Yo quizás no vuelva nunca, vivo en nueva Zelanda, pero que feliz me hace que vuelva la familia a pasar las tardes en el club” - leo en Internet.
“Sin más, aprovecho en este día a saludar a mi abuelo... esa remera roja y negra de trapo que me regalaste en aquella Navidad hace tantos años, sigue siendo el mejor regalo que recibí en mi vida. Desde que te fuiste hace ya siete años, sigo sin poder pisar el Coloso... a lo mejor ya es tiempo de volver…”- escribe a un foro otro leproso.
“No pude ver a mi hijo cuando se fue a probar a Newell’s, no me dejaron entrar, jamás se lo perdoné, con mi nieto no va a pasar” – dice otro con traje y cara de serio.
“Aplaudan, aplaudan no dejen de aplaudir los goles Cozoni que ya van a venir”- le gritan a un jugador que no juega mas hace años, lo abrazan.
En el momento de la celebración caminamos por Pellegrini, a mi lado una chica llora mientras habla por celular y dice: “abuelo, abuelo vas a poder volver a tu club a jugar a las bochas, abuelo querido”
“¿Como nos vamos a ir del Parque?” Grita otro “¡Porque Newell’s es del Parque, y del Parque no se va…!”- vociferan cientos.
“Mi viejo me llevaba a bañar a la pileta de Bella Vista”- decía un flaco mientras lloraba y miraba al cielo, y ya no están ninguno de los dos.
“Mi hermano estuvo ayer en el cementerio, a ver a mi viejo” - dice un candidato.
Releo la carta escrita por nuestro prócer que motivó a muchos a votar.
“Se amplía cada vez más el compromiso popular en la búsqueda de un cambio. No se trata solamente de oposición partidaria, sino que se plantean también exigencias éticas y morales “
Era diciembre, era domingo y al otro día fuimos a abrir los candados y volvimos a ocupar el club, y veo al presidente Lorente con lágrimas en los ojos y veo al cabezón Bertone llorando sentado en la platea mirando el césped, veo a Van der Kooy siempre con la palabra justa, esta vez sin poder articular nada y veo chicos revolcándose en el pasto del Coloso.
Voy con mi hijo a comer unos sándwiches en el camping del club y somos varios y nos quedamos allí, entre la mugre y la destrucción, entra la desidia y la esperanza, comiendo y hablando, ocupando el club. Quizás los parrilleros son un poco el símbolo de que volvimos a tener club.
Nace un improvisado fogón, todos a contar historias de Ñuls.
Y yo quiero contar otra vez el 74, o las finales en Brasil o en Uruguay, quiero decirles a todos que estuve en todos los campeonatos, pero me callo, miro a mi alrededor, la mayoría son chicos, la gran mayoría son chicos y ellos quieren contar la de ellos, el recuerdo mas importante de sus vidas como hinchas y entonces me callo y escucho, y es diciembre y los escucho hablar de otro diciembre:
“Fue increíble” -dice un rubio- “era una fila gigante de autos, el peaje no nos cobró, tuvieron que levantar las barreras, fue inolvidable, 40.000 loco éramos 40.000.”
Darío recuerda la noche anterior al partido, fue con los compañeros de la escuela a una despedida, y tomó de más, “me tuvieron que ir a buscar”- dijo – “mi viejo me cargó en la chata y viaje durmiendo la mona, me desperté en San Pedro cuando paramos.Entramos junto con la hinchada del Rojo en la tribuna de ellos. Después del partido me tire desde el trampolín mas alto hacia la piscina del club, fue la mayor alegría de mi vida deportiva, cuando Bielsa, yo tenia 4 años y no me acuerdo casi nada.”
“Y te tiraste vestido a la piscina” - le dice una chica
“Si, muchos nos tiramos, pero pocos nos animamos a tirarnos desde el trampolín mas alto” - aclara.
Y lo aplauden, y se felicitan entre todos.
“Nosotros fuimos en una trafic, éramos como 20, uno arriba del otro viajamos, y la vuelta, fue la alegría mas grande de mi vida”- dice Juan
“Me acuerdo esos minutos finales hasta que terminó Vélez, lo que llore, lo que grité “– agrega un colorado
“Y yo” - comenta un negrito- “nunca había ido de visitante y no me olvido mas”
Es diciembre y el camping se va llenando de gente, los autos tocan bocina cuando pasan frente a nosotros y los pibes siguen en aquel diciembre y uno habla del “Tanito”(Vella) como si fuera Cafu y otro elogia al “Memo”(Borghello) y mas allá un grandote se para en una mesa y recuerda, y relata el gol de Marino, ese que arrancó en el área nuestra. Todos gritan gol, todos están seguros que éramos 40.000, nadie dice que había 39.000 o 40.500.
Y por allá uno comienza a prender fuego para unos choris y más acá un gordo se acuerda del Obelisco y dice:
-“¡Te acordás loco, lo que fue en el Obelisco, una locura fue…!”
Como no me voy a acordar .Comenzó en la intimidad varios días antes, nos lo comentábamos en secreto entre nosotros, al Obelisco, al Obelisco nos decíamos la idea de dar la vuelta en el obelisco iba de boca en boca, incluso el cabezón Bertone lo dijo en la tele y cuando la caravana leprosa (la mas maravillosa y conmovedora marcha multitudinaria desde el éxodo jujeño hasta nuestros días) iba hacia Avellaneda al pasar por el Obelisco muchos le decíamos “espéranos que volvemos”. Ya en la cancha gritamos “al-o-be-lisco la puta que lo parió”…como no me voy a acordar del Obelisco.
“Te acordás loco, parecía Pellegrini la 9 de Julio, todo rojinegro era, me acuerdo uno que repartía caretas “– dijo el gordo
“Se cantaba el villancico, me acuerdo… ya se acerca Nochebuena, ya se acerca Navidad…, que bueno!”
Y todos cantan y todos gritan
- “… El que no salta no llevó
-
Yo ya no tengo voz, no canto, pero los recuerdos estallan en mi mente, me acuerdo de Aua, si soy de Ñuls es por “Aua”.
Se llamaba Ernesto Esteban pero yo le decía “Aua”.
“Aua” era un tipo enorme, grande, muy grande o eso me parecía a mí. Desde mis 2 años casi todos me parecían grandes.
”Aua” tenía un auto, un Oldmovile, grande, largo, ancho, yo iba parado en el asiento de adelante, me hacía sentir importante. Yo quería tener un auto como el de “Aua”.
Era un típico tipo de los 50, burrero, tanguero, de ir a la peluquería todas las semanas, siempre impecable, con gomina y olor a perfume. Yo cuando sea grande iba a usar perfume.
“Aua” y yo éramos hinchas de Cayetano Sauro, un jockey de la época, yo defendía a Saurito en las mesas de
Me llevaba a pasear a su casa, a mí que vivía en el centro me encantaban esas veredas de Barrio Echesortu, tan grandes, donde mi triciclo podía desarrollar toda su velocidad. Yo cuando sea grande iba a vivir en ese barrio.
Se llamaba Ernesto Esteban pero yo le decía “Aua”. “Aúa” era de Ñubel, yo para siempre soy de Ñubel.
Y le comento al Negro y él recuerda:
- En el taller de los Perré trabajaban 14 personas, solo recuerdo bien a “Finito”, el mejor matricero de todos. Yo tenia 4 o 5 años y recibí de “Finito” el amor a Ñuls.Y Armando se mete a recordar al abuelo Fortunato que le trasmitió esa pasión leprosa, lo llevó de chiquito a la cancha, al palco 49, luego al 91 que Armando mantuvo hasta su demolición.
Y con un hilo de voz, me paro en una mesa y les digo a los chicos: - “Escuchen, hay varias personas que nos marcan en la vida, algunas como tu madre, tu maestra, tu novia, tu profesor o tu sacerdote de importancia relativa, que a lo largo de la vida abandonaremos y no le daremos bola a lo que nos enseñaron. Pero hay tipos verdaderamente importantes, tipos que nos enseñaron algo que nos acompañará para siempre, ¡el amor a la camiseta de Ñubel!” – y me aplauden y gritan y cantan.
- “Yo soy de Ñubel por mi viejo”- dice un chiquito.
En eso viene otro grupo que canta… “que de la mano del Loco…”
Y todos se suman, y “el July” recuerda que saltó a la cancha contra Gimnasia el día del gol de Marino y la policía lo atrapó.
Y Candela vuelve a Avellaneda y recuerda que estuvo en la platea y Armandito que estuvo en
Pablito cuenta que él estuvo y también cantó en el Obelisco. Y Leila, y Lucho, todos recuerdan.
En este diciembre de reencuentro recordamos a aquel diciembre en que fuimos felices y soñamos que un día tendremos un club y que volverán “el Tata” y “el Loco”, que volveremos a
* Libro 39999 y yo. Concurso de cuentos.
Se consigue en la Tienda Oficial de Newell`s. La misma queda en el estadio Coloso Marcelo Bielsa del Parque.
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