Cuando los medios analizan el campañón de Ñubel, se olvidan de algunos detalles ineludibles… Dicen que en la pretemporada, el Profe Castelli tiró un par de consejos, que algún que otro cambio lo sopló al oído el Piojo Yudica, y en cada charla táctica también dio una mano bárbara “Canción” Montes.
Dicen que en la primera fecha contra el Rojo, el cabezazo de gol lo mete René Pontoni. Que en
Contra los tucumanos, en el Coloso, justo un trapo me tapa la jugada, pero el viejo que estaba arriba mío me jura que el que la mete de emboquillada en el segundo gol es el Roque Alfaro. Ante Estudiantes, el defensor que recoge el rebote en el penal que erra Schiavi y la manda a guardar es Sobrero.
No me vas a decir que no lo viste… el gol de la victoria en Victoria lo mete el yorugua Boghossian, tras un centro impecable de Víctor Heitz.
Muchos van a recordar ese partido con Chacarita, sexta victoria al hilo en un partido más que chivo… Claro, pocos de avivaron que al Flaco Peratta le dieron una manito. Scoponi y Villar sacaron un par cada uno. Dicen que en ese partido no merecimos los tres puntos? Dejate de joder! “Pomelo” Mateo no jugó contra Chaca, pero en su lugar entró otro “Pomelo”: Julio Arsenio Ribecca, que en aquel ’74 le dijo al técnico “poneme que los corro a todos”, y hasta el borde del campo se fue a correrlo a Zarif, que enredado y sin aliento la termino mandando adentro (gracias Terremoto).
Y llegó el más esperado.
Este es el Ñubel de la gente, con su historia a cuestas, con sus buenas y malas, pero con la pasión intacta. La misma pasión que llevó a un grupo de pibes a fundarnos allá por 1903, después de entrenar con pelota y reglamento desde 1884. La misma pasión que pusieron muchos de esos pibes para ganar el primer clásico. Más acá en el tiempo, otros pibes y no tan pibes pusieron lo que había que poner para entrar a una cancha ajena a dar la vuelta, la primera de los tiempos contemporáneos.
Luego, fue la misma pasión la que pusieron otros para ganar un campeonato con gustito a revancha, o para llevar los colores de Ñubel por toda América. O la pasión que movilizó a un loco descontrolado a gritar “Ñubel Carajo” a los cuatro vientos subido a la cima de un triplete de estrellas… o a otros 40.000 locos a producir la epopeya más grande del fútbol argentino…
Y cuando parecía que la historia se nos perdía por senderos extraños, aparecieron otros locos, decenas, cientos, miles… Y acá estamos… Mirando al futuro desde el presente, con la pasión de ayer, de hoy, de siempre...
Fuente: www.lepraomuerte.blogspot.com

