Por Luis Carlos Alonso.
Parafraseando a apasionados históricos de apellidos ilustres
informo que éste es un relato más, de los tantos, signado por la arbitrariedad.
Deberá disculparse entonces la
subjetividad y la vehemencia con que se intenta una reivindicación histórica
dado que ello ocurre desde los afectos,
los sentimientos y las pasiones. Ha sido
realizado con apoyo bibliográfico pero también con humor y
fundamentalmente con enorme respeto.
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| Museo de la Revolución de La Habana (Cuba): Sector dedicado a la memoria del Che Guevara. |
El mito:
Los mitos se
construyen. En ellos se entremezclan en diferentes dosis hechos históricos
y ficciones. La figura de Ernesto Che
Guevara adquirió, quizá con justicia, dimensiones mitológicas a partir de su
muerte. Su vida fue posteriormente revalorizada y los intentos biográficos
chocaron con algunos interrogantes aún
no resueltos.
Los huecos en su historia fueron llenados con presunciones.
Algunos hechos no son ciertos, otros son al menos dudosos. Basta como ejemplo
la fecha de su nacimiento, la casa natal en Rosario y su
presunta simpatía por Rosario Central.
Para algunos autores la personalidad del Che no
coincide con la de un
geminiano típico. Sin embargo consta
que su fecha de nacimiento
oficial es el 14 de Junio de
1928.
Varios autores aseguran que el Che fue mal anotado, quizá
para salvar la “honra” materna. La fecha real –avalada por
la
propia Celia primero
y luego confirmando por el padre desde
Cuba- habría sido el
14 de Mayo. Le otorga mayor veracidad a
esta versión la personalidad del Che,
que presenta los típicos rasgos de un testarudo y decidido taurino. Para mayor
confusión no faltan biógrafos, como
Carla Beltrami, que afirman que el Che no nació en Mayo o Junio sino que
fue un 14 de Julio y que su madre no se llamaba Celia sino Cecilia.
Con respecto a su casa de Rosario -refiere el historiador
Carrillo Bascary- tampoco hay acuerdo, y más allá de la picardía de la anterior
propietaria del departamento de Entre Ríos 480 que logró venderlo a un
extranjero en un precio mucho más alto que el real por el presunto valor
histórico, existen dudas razonables
respecto al verdadero lugar en que el Che
habría pasado sus primeros escasos 45 días de vida. La Municipalidad de
Rosario tiene una deuda para con el Che: Investigar y certificar el exacto
lugar donde nació y transcurrió el poco tiempo en que residió en la ciudad.
El equívoco:
Más grave es la inexacta e infundada
vinculación del Che hacia los colores azul y
amarillo. El Che jamás habría elegido esos
colores más
vinculados a las marquesinas de
los Circos que a su identidad revolucionaria. El
Che a través de los hechos y de la metáfora, a la
que era adepto, ha manifestado claramente su
fervorosa simpatía por Newell’s.
La versión contraria,
intencionada y
falaz, habría surgido probablemente de la imaginación de los
parroquianos del Bar “El Cairo”, en su primera versión, quienes, liderados por
Fontanarrosa y ávidos de éxitos -aunque
fueran imaginarios- justo en le época más gloriosa de Newell´s incluyeron al
Che en su generoso e hipertrofiado
listado de presuntos simpatizantes. Otros historiadores sostienen que el error
surge ante las informaciones poco
veraces a que nos tiene habituados el
periodismo que responde al egocéntrico “centralismo” porteño que llama
“Rosario” al Club Rosario Central y con un facilismo inquietante permite la
derivación del lugar de nacimiento del
Che, Rosario, hacia la simpatía futbolera.
La versión más seria, sin duda la única, corresponde a su amigo Carlos “Calica” Ferrer
quien asevera que Ernesto “a pesar da casi no haber vivido en Rosario, cómo
había nacido en esa ciudad, se
consideraba rosarino y veía especiales a todos los rosarinos y los destacaba
sobre los demás”. Afirma Calica que “por supuesto también en fútbol era fiel a su ciudad natal”
informándonos secundariamente que debía haber sido hincha de Rosario Central.
Esta aseveración de “Calica” se corresponde con la personalidad y las ideas de
aquel Ernesto anterior al Che. Será varios años después cuando Ernesto “harto ya de estar harto” se lanza a recorrer
Latinoamérica y será ése, su primer viaje durante el cual muta, madura,
evoluciona y aparece el “Che”. La metamorfosis se había producido.
Otras versiones,
menos consistentes, han confundido la sintomatología propia de la enfermedad
asmática que desde siempre y durante toda su vida padeció el Che con el color
de la camiseta, tergiversando el sentido de la molesta dificultad respiratoria
que presentaba. En ésta línea, a la que adhieren Corpa Vargas y Chiozza, se ha
considerado el valor etimológico de la palabra aliento: “aire aspirado y
expelido al respirar”. Esto es: la palabra aliento hace referencia,
básicamente, al aire que el individuo respira. De allí que sufriendo el Che una
alteración respiratoria –asma- se le adjudicara la lapidaria expresión de “sin
aliento” con lo cual se lo enroló, por error de apreciación y con intencionalidad política, en las filas del
pueblo canalla.
Luego se sumaron como abanderados del error, aunque quizá
sin mala intención Gambini, Brisaboa y Sábato. Hugo Gambini refleja comentarios
adjudicados al Che cuando el mismo tenía nueve años. Más allá de las dudas respecto a esos dichos cabe destacar que a
los nueve años el Che no era aún el Che, en esa época era “Teté” o en todo caso “Ernestito”. Es a partir de la
madurez intelectual cuando se debe tomar como ciertas y definitivas las
posturas ideológicas. El propio Che lo advierte luego de su primer viaje y para
aventar cualquier duda. “...yo no soy yo, al menos, yo no soy el mismo que era
antes. Este vagabundear a través de nuestra América me ha cambiando más de lo
que pensaba”.
La versión del periodista rosarino Jorge Brisaboa no tiene
sustento alguno. Para desacreditarla basta mencionar que en su libro sobre la
historia de Rosario Central al mencionar al Che confunde la fecha de
nacimiento fallando la misma nada menos
que por ocho años y equivoca el nombre del padre llamándolo Eduardo Rafael y por
ende transformándolo en homónimo –nada menos- que de Videla. No es poco.
Semejantes errores alcanzarían
para quitar credibilidad a todo
el libro y no sólo a la supuesta simpatía del Che por un club de fútbol.
Sábato, por su parte,
repite lo que con intención manifiesta alguna vez le dijeron. Su
memoria, ahora deteriorada, quizá le impide recordar que quien se dice “amigo
del Che” alguna vez almorzó con Videla, elogiándolo por su amplitud de
criterio, su cultura, su modestia y su
inteligencia. Adrián Abonizzio,
que se encarga de recordarlo, no
desconoce la relación del dictador con los fondos que permitieron la
construcción del estadio mundialista que visitó Sábato. En la ceremonia
-patética- le entregaron una camiseta cuyos colores ni siquiera pudo
distinguir. Pocas horas después llorando su emoción con similares lágrimas
secas, se calzaba otra, la de Estudiantes de la Plata. Sábato puede ser
considerado un canalla, en cualquiera de
sus dos sentidos, pero además de
canalla merece otras adjetivaciones, por
ejemplo la de farsante, simulador, embustero y oportunista.
La realidad marca que no existe un solo escrito que
documente fehacientemente que el Che,
como tal, alguna vez haya manifestado su simpatía por Rosario Central.
La verdad histórica debe ser conocida. El Che ha sido, y
sigue siendo, simpatizante de Newell´s
Old Boys.
Numerosos hechos lo demuestran.
El contexto:
Repasemos previamente algunas cuestiones
de menor relevancia pero que hacen al
contexto
social y familiar y que, por ende, van a condicionar
la personalidad, el futuro y las decisiones de Ernesto
Guevara.
Cuando los padres del Che arriban a Rosario,
más por azar que por decisión personal, adhieren
rápidamente al Club del Parque. Sus orígenes
familiares los
acercan a la aristocracia rosarina y en
esos años, sin duda diferentes a los actuales, la alta
sociedad de Rosario se inclinaba en su mayoría por
ñuls. Debe
considerarse además, siguiendo a Gandolfo, que a su arribo los padres del Che debieron
sufrir “el sutil rechazo de los canallas, demasiado oriundos, demasiado
rosarinos” por lo cual de inmediato simpatizaron con Newell´s. Más aún: Celia
de la Serna era, al decir de Díaz y Sotolongo, “de carácter decidido,
desenfadada y transgresora”, lo cual la acercaba más que al socialismo al
anarquismo. Sabemos cuales son los colores de la bandera anarquista y cuanta
influencia y cuanto parecido tenía Celia respecto a su hijo.
Los colores:
El Che ha sido un
ejemplo de compromiso y coherencia. Estos valores exceden ampliamente cualquier
análisis futbolero, pero precisamente por ello se encuentran incluidos y
consolidan una posición, una elección y
una conducta. Conducta de vida que
incide en las pequeñas y en las grandes
decisiones. Elegir una bandera no es un hecho menor. El Che era un enorme
revolucionario. Revolucionario
continental además. Lo anticipaba en su partida definitiva de Argentina a los 25 años cuando exclamara al
abordar el tren: “Aquí va un soldado de América”. Su concepción revolucionaria
y americanista lo acercaba a todos los movimientos revolucionarios del
continente y, no es casualidad, que todos ellos
tuvieran ideales semejantes y una misma bandera:
Roja y negra por mitades.
Cuando el 25 de noviembre de 1956 en el
muelle de Tuxpan el Che aborda el Granma, e inicia
junto con otros 80
hombres la liberación de Cuba
del tirano Batista,
se ubicó en la popa. A su lado
flameaba una bandera roja y negra.
Consolidando una inclinación genética el
Che había adoptado definitivamente la bandera roja
y negra unos meses antes cuando concuerda con
Fidel Castro y su movimiento “26 de Julio”. Este movimiento,
base de los incondicionales de Castro, ostentaba y ostenta una bandera que es
hoy símbolo Nacional en Cuba: la Bandera del
M-26, en mitades roja y
negra, igual, exactamente igual, que la de Ñuls.
Es de interés reflexionar sobre el particular: sólo un
ñulista convencido pudo luchar arriesgando su vida enarbolando una bandera como
esa. No es siquiera imaginable tal situación en un canalla. Más aún: a partir
de ese momento y hasta su muerte, Guevara se encontrará rodeado, en cada lucha,
en cada acto, en cada reunión, en cada fracaso
y en cada victoria por banderas y emblemas rojos y negros. Estas banderas para Guevara simbolizaban indudablemente su modo y razón de vida, la
revolución y ñuls.
Al decir de alguno de sus biógrafos, el Che transcurrió su
vida “acarreando su propia muerte”, su padecimiento respiratorio lo había
marcado y la muerte era una idea cercana y posible. Quizá por eso afrontaba el
peligro con pasmosa tranquilidad. También debió de sufrir numerosas muertes
queridas durante el transcurso de la revolución. El Che convivió con la idea
concreta de la muerte. La sangre era
otra constante. Lo era desde la primera ofrenda de su sangre en tierra cubana
el 5 de diciembre de 1956. Sangre propia
y ajena. Muerte y Sangre. Sangre y luto.
Los colores rojo y negro formaban parte, indisoluble, de su existencia.
Para mayor contundencia al respecto basta agregar que la
Municipalidad de Rosario, que durante años desconoció el emplazamiento del
coloso del parque, sin embargo admite la identidad rojinegra del Che y edita
una seria de seis postales con la imagen de Ernesto Che Guevara íntegramente
en roja y negro.
La lepra:
Cuando el Che en su primer viaje por Latinoamérica en
1951 y con la compañía de Alberto
Granado –algunos historiadores, probablemente sin fundamento, aseguran que es
tío abuelo en segundo grado por rama paterna de Pablito, tan conocido por su
fino humor televisivo como por su fundamentalista
convicción ñulista- llega a Temuco
en Chile un periódico local saluda
ampulosamente el arribo con un titular que los ponía en evidencia: “Dos
expertos en leprología recorren Sudamérica en motocicleta”.
Durante su paso por Chile estuvieron a punto de cambiar el
itinerario para hacer una escapada a la Isla de Pascua. En la isla existía la
única colonia de leprosos de Chile y la tentación era grande. Ya se evidenciaba
en Guevara la enorme atracción que la lepra y los leprosos generaban en él.
Cierto era que se sumaba a ese importante atractivo la presencia de hermosas
mujeres para las cuales un novio blanco era un honor, más un clima ideal en un lugar maravilloso. Sin embargo la excursión
fue imposible. Visitaron los barcos del muelle y ninguno salía hacia la Isla de
Pascua sino hasta seis meses después. Por lo tanto si la idea era sumarse en
breve a los leprosos había que cambiar
de idea. Por eso siguieron viaje hacia
el norte.
Ya en Perú trabajan en un leprosario de San Pablo donde
se establecen por un tiempo. Organizan partidos de fútbol, realizan
psicoterapia y establecen un contacto muy cercano con los enfermos. Tanta es la amistad surgida entre el Che y
los enfermos de Hansen que en la despedida, verdaderamente emocionante y que fuera reflejada en el film “Diarios de motocicleta”, el Che da su primer
discurso americanista.
Esta identificación entre leprosos y leprólogos, cercana,
emocionante, definitiva es una evidencia
concreta e irrefutable de la simpatía del Che por la lepra. Algunos
investigadores van más allá y afirman
que el Che, que antepuso el contacto afectuoso -físico y emocional- a la
prevención y la bioseguridad, se habría contagiado la enfermedad y a su
condición de leprólogo y simpatizante de la lepra habría sumado la de enfermo
leproso.
Es oportuno recordar aquí el origen de los apodos de Ñuls y
Central. El patronato de leprosos
rosarino solicitó a los dos equipos de la ciudad que jugaran un amistoso
en pro de la institución, los de Ñuls aceptaron y los de Central no. A partir
de allí los de Ñuls fueron “leprosos” y los de Central “canallas”. El relato,
categórico en definiciones, indica de qué lado ha estado el Che a la hora de la
elección de simpatías.
Misceláneas:
Después, mucho después, cuando el Che ya era un mito en el
mundo ocurrieron hechos que consolidaron, desde y para la eternidad, el fervor del Che por la lepra.
En 1974 el Che ya no estaba entre nosotros y
sin embargo fue
posible adivinar una sonrisa cómplice ante aquel extraordinario gol de Marito
Zanabria que permitió el primer campeonato. “Bendita sea tu zurda” fue una
frase que el Che colocó en los labios del oportuno relator.
No deja de ser una evidencia que Maradona haya jugado en
Newell´s. Precisamente “El Diego”, es endiosado por sus admiradores al igual
que Ernesto Guevara. Basta recordar una frase de Vázquez Viaña: “Para nosotros el Che era
Dios”. Para miles de admiradores
Maradona también. Diego admira al Che,
lleva un tatuaje suyo en su generosa corpulencia. El Che que gustaba del buen
fútbol sin duda hubiera admirado a Maradona. Maradona hasta hace poco ha
descansado un largo tiempo en Cuba. El
Che definitivamente también.
Para el Che y Diego, Newell´s fue un designio y no azarosa coincidencia.
Final irrefutable:
Es posible además, debe reconocerse, que el Che no haya
–jamás- realizado comentario alguno sobre Rosario Central, de haberlo hecho
pudo incluso ser un comentario complaciente, no debe olvidarse que el Che no
confundía quien era el adversario y quien
-realmente- el enemigo. Aún ahora
nos sigue invitando a comprender la diferencia.
Esta
revisión histórica permite, final y definitivamente, refutar una afirmación sin
fundamento que persistió durante años. Hoy se conoce por fin la verdad.
Ernesto Che Guevara ha sido un cabal y fervoroso
simpatizante leproso y la bandera rojinegra lo ha acompañado en su vida y en su muerte.
Hasta la victoria. ¡Siempre!





